• Ley General de Economía Circular: el impacto en la industria cosmética

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    La entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular en 2026 marca el inicio de una transformación estructural para la industria cosmética, de cuidado personal y del hogar en México. Mientras las empresas enfrentan nuevos desafíos regulatorios, técnicos y económicos, la circularidad también abre oportunidades para innovar en empaques, formulaciones, modelos de negocio y cadenas de valor más sostenibles y competitivas.


    Para la industria cosmética, de cuidado personal y del hogar la circularidad no es un tema desconocido, de hecho, en los últimos años las empresas del sector han puesto en marcha acciones encaminadas a cambiar el modelo de producción lineal para transitar hacia una economía circular.

    Empresas líderes de la industria de la belleza y la limpieza doméstica son parte de iniciativas como el Acuerdo Global por la Nueva Economía de los Plásticos, impulsada por la Fundación Ellen MacArthur, por mencionar la más conocida.

    De manera voluntaria también han creado diversos consorcios centrados en la sostenibilidad del sector de la belleza, entre ellos:

    • Traceability Alliance for SustainableCosmetics (TRASCE)
    • International Collaboration on Cosmetics Safety (ICCS)
    • Commit for Our Planet
    • EcoBeautyScore Consortium
    • B Corp Beauty Coalition
    • Pact Collective (PACT)
    • Together for Sustainability(TfS)
    • Business Coalition for a Global Plastics Treaty
    • Low-Carbon Emitting Technologies (LCET)

    México formaliza la transición hacia la economía circular

    En México, la Cámara Nacional de la Industria de Productos Cosméticos y Asociación Nacional de la Industria de Productos del Cuidado Personal y del Hogar (CANIPEC) –que agrupa al 70% del sector instalado en el país– firmó en 2019 el Acuerdo Nacional para la Nueva Economía de los Plásticos ante el Senado de la República. Al año siguiente, puso en operación el Grupo Empresarial de Economía Circular (GEECI) para la recuperación y reciclaje de envases plásticos.

    Hoy, con la entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular (LGEC), México formaliza la transición definitiva de las acciones voluntarias corporativas en materia de sostenibilidad, al cumplimiento estricto de un marco normativo obligatorio.

    Para Carlos García Manzanero, socio líder de Industria de Consumo y Retail S-Latam de Monitor Deloitte, esto es positivo porque hasta antes de esta ley la conversación ambiental en México se centraba prácticamente en los residuos. Por ello, señala que la LGEC reorienta la conversión hacia la productividad de los recursos.

    El presidente ejecutivo de CANIPEC, Carlos Berzunza, coincide en que la Ley General de Economía Circular resulta positiva para la industria cosmética. “Es una buena noticia porque a falta de una legislación federal en la materia, tenemos muchas legislaciones estatales que tratan de abordar el tema, pero con reglas diferentes. Y eso no simplifica, sino que complica la generación de economías de escala; e inclusive de lograr que la transición hacia la economía circular sea social, ambiental y económicamente viable”, expresa.

    Modelos de negocio sostenibles, el paradigma de la LGEC

    El objetivo central de la LGEC es llevar a las empresas del modelo lineal de extraer, consumir y desechar, a un modelo circular donde reduzcan, reciclen y reutilicen materiales para integrarlos al ciclo de producción. En suma, se trata de mantener los recursos el mayor tiempo posible dentro de este ciclo.

    A nivel mundial, la extracción de recursos se ha triplicado desde 1970. Esto ha llevado a la pérdida del 90% de la biodiversidad y a la generación de 55% de emisiones contaminantes, según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Por el contrario, adoptar un modelo circular podría generar beneficios económicos por 4.5 billones de dólares en 2030.

    El corazón de la LGEC es la Responsabilidad Extendida del Productor (REP) porque establece que las empresas tendrán que hacerse cargo de los productos durante todo el ciclo de vida. Esto significa cubrir desde la producción de los bienes, hasta la gestión de los residuos posconsumo.

    La ley contempla otras disposiciones relevantes como el diseño circular y el análisis de ciclo de vida obligatorio, la sustitución de materiales vírgenes por reciclados, la reducción del consumo energético y agua, así como el registro de un plan de gestión circular. Si bien esta transición será gradual, las empresas tendrán la obligación de medir su impacto ambiental y reportarlo.

    Ley general economía circular industria cosmética
    Ejes regulatorios clave para la industria. Fuente: Ley General de Economía Circular, 2026

    Desafíos para las marcas de belleza y cuidado personal

    Para la industria cosmética, de cuidado personal y del hogar, las disposiciones de la Ley General de Economía Circular implican retos y oportunidades, pues más allá de un tema ambiental o de responsabilidad social, se trata de un elemento de competitividad.

    Además del REP, el análisis de ciclo de vida –un elemento atípico que incorpora la ley mexicana– implica un costo enorme para las empresas. Por ejemplo, el análisis de ciclo de vida de un producto puede costar entre 20,000 y 60,000 dólares; y hay empresas que tienen más de 4,000 productos.

    En el caso de las pymes, los costos son inviables aunque tengan pocos productos. Si bien la ley establece que se aplicará por categorías y no por productos, aún así será un desafío para las compañías.

    Inversión en procesos e infraestructura

    Sofía Reyes, responsable del Comité de Sustentabilidad del Instituto Mexicano del Aerosol (IMAAC), añade otro factor que hace más compleja la discusión: la adopción de prácticas de economía circular será dispareja.

    “Existe una preparación desigual. Muchas empresas, especialmente las que participan en cadenas globales, ya tienen avances importantes en sustentabilidad, eficiencia energética, reducción de materiales, reciclabilidad y metas ambientales. Sin embargo, el reto mayor está en la infraestructura nacional de recolección, separación, valorización y reciclaje”, advierte.

    En la etapa inicial –dice– habrá un impacto en costos, ya que deberán invertir en rediseño, certificaciones, trazabilidad, capacitación, medición y reportes; y posiblemente en esquemas de recuperación y valorización.

    Retos para la industria cosmética a partir de la Ley General de Economía Circular
    Principales retos que identifica el sector

    Al respecto, Carlos García señala que las empresas deberán iniciar con una gestión integral del ciclo de vida de los productos, rediseñar empaques, simplificar materiales, buscar proveedores de resinas recicladas, entre otras acciones necesarias ante el replanteamiento de la cadena de suministro.

    “Si bien [la ley] impone complejidad a la gestión de las compañías, también genera la oportunidad de que aparezcan nuevos modelos comerciales. Vamos a empezar a ver el modelo de refill, concentrados, formatos más pequeños, formatos con menor huella, formatos de suscripción, propuestas donde la sostenibilidad tenga, digamos, un componente mayor en la publicidad”, asegura.

    Beneficios tangibles en el mediano y largo plazos

    Pese a los costos iniciales, en el mediano y largo plazos los beneficios serán tangibles. The Skynth Research, una iniciativa holandesa sobre transparencia científica de los cosméticos, indica que las marcas que adoptan modelos circulares reportan una mayor fidelidad de los consumidores.

    Responsabilidad Extendida del Productor (REP), uno de los mayores retos de cumplimiento para las marcas
    Responsabilidad Extendida del Productor (REP), uno de los mayores retos de cumplimiento para las marcas

    En el caso de las operaciones, las marcas reducen costos en la medida que optimizan la adquisición y gestión de residuos, consumo energético y agua. Y de paso, los productos de belleza que utilizan materiales sostenibles pueden reducir hasta 45% las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI).

    Punto de partida

    En el mundo, la industria cosmética europea es ejemplo de circularidad, como lo demuestra la alianza con el sector agroalimentario para el desarrollo de ingredientes upcycled a partir de residuos derivados del procesamiento de alimentos. Iniciativas como Biowaste y Olea4Value podrían replicarse en México si se establecen las alianzas e incentivos necesarios.

    Las formulaciones y los procesos de producción tienen qué evolucionar debido a que el agua constituye hasta el 80% de muchos productos cosméticos. L’Oréal, por ejemplo, con sus fábricas de “ciclo cerrado”, es prueba de que es posible pasar del consumo lineal del agua a un sistema circular, donde el líquido se reutiliza y recircula continuamente.

    A nivel global, la industria ha demostrado que se puede aspirar a la circularidad en el sector. Sin embargo, como advierte Carlos Berzunza: “Se necesita reconocer también dónde está la infraestructura del país, qué cadenas hay o qué hábitos deben cambiarse”.

    En México, hay mucho por hacer respecto a la infraestructura y a la educación del consumidor. Adecir de Sofía Reyes, del IMAAC: “El principal riesgo es que la implementación avance más rápido que la infraestructura disponible. También existe el riesgo de criterios poco claros, duplicidad regulatoria entre niveles de gobierno, diferencias entre estados, falta de capacidad de verificación o metas que no consideren las particularidades técnicas de cada material y categoría”.

    Coordinación de la cadena de valor

    En opinión de Carlos García, de Monitor Deloitte, uno de los principales errores que podrían cometer las empresas frente a la nueva ley sería asumir que el desafío puede resolverse de manera individual. Desde su perspectiva, la implementación de la Ley General de Economía Circular requerirá de un nivel de coordinación sin precedentes de todos los actores de la cadena de valor de la industria cosmética, de cuidado personal y del hogar.


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    “Esto es un desafío de coordinación multiactor, donde proveedores, retailers, recicladores, autoridades, importadores, convertidores, todos tienen que estar alineados. Y todo el engranaje de los actores que conforman la cadena de valor, tiene que ser considerado de manera consistente”, afirma.

    Reflexión estratégica al interior de las empresas

    Al interior de las empresas, el especialista considera que debe realizarse un proceso interno de reflexión estratégica para entender cómo impactará la legislación a las operaciones, a la propuesta de valor y a la estructura de costos en los próximos años. “Pase lo que pase, es bueno tener bien identificadas cuáles serán las implicaciones en los ingresos y los costos”, explica.

    También recomienda efectuar diagnósticos específicos del impacto que tendrá la ley sobre factores como el tipo de consumidor que atienden, las categorías de productos que comercializan, los canales de distribución o la cadena de suministro.

    Trazar escenarios de adaptación

    Una vez que se realizó el diagnóstico, el siguiente paso será identificar riesgos y construir escenarios de adaptación. En este punto, el consultor sugiere trabajar con varios escenarios posibles en torno a la evolución del mercado y la regulación. Esto incluye un escenario conservador, donde el mercado cambie lentamente; y uno más desafiante, donde las empresas obtienen ventajas competitivas mediante nuevos modelos de negocio.

    “La pregunta no es si la circularidad va a llegar, sino quién va a capitalizar primero la oportunidad de generar mayor competitividad y reforzar la propuesta de valor al consumidor. Ojalá podamos ver esto, no como un costo regulatorio, sino como una oportunidad de competitividad hacia el futuro”, asegura Carlos García Manzanero.

    Visión positiva

    Desde la visión de los fabricantes del IMAAC, Sofía Reyes confía en que la nueva ley traerá oportunidades para visibilizar el valor de materiales como el aluminio y su potencial de circularidad. Además, el Distintivo Nacional de Economía Circular, previsto en la ley, podría ser una herramienta para que las empresas acrediten buenas prácticas.

    “El reto será lograr que la ley se traduzca en acciones viables, medibles y efectivas para México, sin perder competitividad ni comprometer la calidad y seguridad de los productos que llegan al consumidor”, expresa.

    Para Carlos Berzunza, presidente ejecutivo de CANIPEC, la experiencia adquirida a través de GEECI, servirá de base para convertir esta iniciativa en un organismo coordinador, que también está previsto en la ley. Una iniciativa que en los hechos es producto de la alianza con diversos actores, incluyendo gobierno, por lo que su alcance podría ampliarse.

    “La Ley General de Economía Circular es un cambio estructural, abre una nueva etapa para la industria cosmética con muchas oportunidades de innovación, de creatividad, de construcción de alianzas. Y justamente en eso estamos enfocados, en definir cómo trabajamos en conjunto para avanzar en esta transición circular”, enfatiza el presidente ejecutivo.

    Verónica Alcántara

    Staff PM

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